Para acompañar el queso
Combinar el centeno con quesos intensos y cremosos. Cualquier cosa que vaya bien con el queso y esté ya incorporada en el pan tiene todo el sentido –pasas, orejones, nueces o dátiles, por ejemplo–, siempre teniendo en cuenta la textura: un queso seco con un pan ídem nos puede hacer más bola que los filetes-chicle interminables que comíamos de pequeños, y lo mismo con un jamón, salchichón o chorizo bien curados.

Para mojar
Un pan de hogaza será nuestro mejor compañero de viaje si lo que queremos es mojarlo y rebañar la salsa de un buen guiso o estofado. Una miga con cuerpo ayudará a recoger las texturas más líquidas, mientras que un pan ligero y aireado será más adecuado con una salsa contundente. Los alveolos –agujeros que se generan en la masa durante la fermentación– serán nuestros mejores aliados para no dejar ni una gota en el plato.

Para untar
Si vamos a usar el pan para untar en él algo con textura de paté o crema, necesitamos que aporte cierta resistencia al mordisco. Más que un tipo de pan en concreto, hay que tener presente que blando + blando no funciona, así que bienvenidos al universo de la tostada. Cualquier buen pan que tengamos por casa y empiece a ponerse duro pásalo por el horno suave y conviértelo en unas tostadas caseras con una larga caducidad.